viernes, 10 de diciembre de 2010

Las analogías están bien para hacerse entender. Lo malo es generalizarlas y perder con ello la visión global. Sobre todo cuando se quiere explicar algo que es demasiado grande para ciertas palabras. Puedes hacer una analogía del mundo (por ejemplo) con cualquier otra cosa (un organismo por ejemplo), me parece correcto hacerlo. Pero cuidado no pases a hablar de organismos en lugar del mundo. Ahí se pierde el mensaje. Ya estamos en otra conversación y no llegaremos a ningún entendimiento.

Es lo malo de las palabras. En un contexto determinado pierden su esencia. Y cuando se convierten en algo sagrado (sobre todo cuando quedan escritas en algún documento) pueden llegar a ser peligrosas.

Constituciones, leyes, derechos humanos, teorías, ciencias, historia, ideologías .... cualquier manual de instrucciones. Ponen las palabras por encima de la misma humanidad. Se repiten, se doblan, se gritan. Y se convierten en un ruido continuo que acongoja.

Y en un momento dado puedes estar deseando un poco de silencio. Y puede que ni siquiera te des cuenta de que el silencio existe y esta justo detrás del ruido

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