Un momento perfecto. Me siento en un banco a la luz del sol. Hace calor. La gente pasea. No tengo prisa. Miro a la gente y nadie me mira. Me fumo un cigarro mientras leo el periodico. Esoy tranquilo, estoy contento. ¿Soy feliz?. Quizas es tan solo un momento. En un dia entero no significaria nada. Pero me agarro al momento y a los momentos que vendran.
Hace unas noches soñé que caminaba por una estancia enorme, una especie de salon de baile vacío con escaleras a los lados. Escaleras que subian y bajaban y llevaban de nuevo al mismo cuarto. Yo estaba triste, tan triste como lo estaba hace unos años. Y no paraba de preguntarme a mi mismo el motivo de ese sentimiento. Pero no habia respuesta. Y no importaba que no la hubiera. Simplemente estaba triste y daba vueltas mirando al suelo por el salón de baile vacío y por las escaleras. Desperté sintiendome igual de triste. Me volví a dormir y se pasó.
Esta noche nos iremos a un concierto despues del partido que no estoy viendo ni veré. No me gustan las fiestas. No tengo el coño pa farolillos. No encuentro sentido a las ferias ni a las discotecas. No entiendo estar con gente sin poder hablar si la música esta muy alta y además es mala. Si estas roderado de desconocidos que no tienen ninguna gana de conocerte. Sigo sintiendome incomodo entre las multitudes. Siento aun ese antagonismo que creo real. Aunque sepa que lo invento yo mismo. Lo siento asi y es real para mi. No soy interesante. No soy moderno
bueno, y es una pena que se acabaran las vacaciones. se han pasado rapidisimo y no tenia ninguna gana de volver. Pero eso solo significa que pronto repetiremos supongo.
domingo, 22 de junio de 2008
sábado, 7 de junio de 2008
Pues dentro de un par de días me marcho al extranjero. Pero no al libro de Albert Camus, sino al extranjero en plan sitio donde hablan otro idioma y la gente tiene otros rasgos y nadie te entiende, pero esta vez el sentimiento es mutuo con lo que no es tan malo ser calimero.
Y el caso es que es la cosa de las primeras veces. Primer viaje en avión. Primera estancia en el extranjero (Salvo ese día que dormí en el camping de Hendaya que era precioso y estábamos al borde del mar y se oían las olas)
Y va a hacer mal tiempo ¿y si el avión se estrella? ¿y si lo secuestran? ¿y si nos perdemos? ¿y si los billetes del tren no sirven? ¿Y si nos roban? ¿y si me abducen los extraterrestres?
¿Me llevo el portátil? ¿Me llevo un paragüas? ¿Me llevo dinero en la maleta? ¿Me llevo droga?
Bueno, que me voy de vacas con unas ganas locas. Si si, Unas vacas locas. como las inglesas aquellas que bailaban la macarena
Y no se, espero que nos lo pasemos muy bien y que sea chachi piruli y todas esas cosas. Ya veremos como sale la cosa. Haré muchas fotos y videos y tal y cual y patatín y patatán
Y el caso es que es la cosa de las primeras veces. Primer viaje en avión. Primera estancia en el extranjero (Salvo ese día que dormí en el camping de Hendaya que era precioso y estábamos al borde del mar y se oían las olas)
Y va a hacer mal tiempo ¿y si el avión se estrella? ¿y si lo secuestran? ¿y si nos perdemos? ¿y si los billetes del tren no sirven? ¿Y si nos roban? ¿y si me abducen los extraterrestres?
¿Me llevo el portátil? ¿Me llevo un paragüas? ¿Me llevo dinero en la maleta? ¿Me llevo droga?
Bueno, que me voy de vacas con unas ganas locas. Si si, Unas vacas locas. como las inglesas aquellas que bailaban la macarena
Y no se, espero que nos lo pasemos muy bien y que sea chachi piruli y todas esas cosas. Ya veremos como sale la cosa. Haré muchas fotos y videos y tal y cual y patatín y patatán
lunes, 26 de mayo de 2008
Estábamos parados delante de una parada de autobús, aunque un poco elevados sobre el suelo mirándolo todo desde la perspectiva de alguien que mide más de seis metros de altura, un poco elevados, y tampoco en la misma parada de autobús. Estábamos como a doscientos metros de la parada de autobús. A doscientos metros de la parada de autobús y a seis metros de altura sobre la parada de autobús. Sin embargo estábamos en la mismísima parada del autobús. Y estábamos parados.
Me había tocado la lotería, nos había tocado la lotería. yo había visto unos números en el cuentakilómetros del coche de Luis y los había usado para jugar a la lotería y habían salido. Sí, exactamente igual que a Hugo.
Carlos y su hermana (a la que no conocía, ni siquiera sabia que tuviera una hermana) estaban y contentos. Alex (que yo creo que era su hermano Ricardo con la cara de alex) aprovechaba el dinero para irse a Barcelona a ver a la chica que le gustaba. Nosotros de mirábamos en la parada del autobús, justo en frente del Opencor pero a cien metros de distancia y a seis de altura. Al final no se atrevió a subir al autobús. Nos reímos por su falta de coraje.
Andamos entonces avenida arriba y ya era de noche. Se nos cruzaron dos gatos negros y yo pensé para mi que si uno da mala suerte dos ya debían de ser la leche. Entonces apareció un gato blanco con manchas grises justo en medio del paseo. Mucho más iluminado de lo que debería para ser esas horas de la noche.
El gato me miraba con rasgos humanos, como con cara de mala leche. Y yo no le conocía ni le había hecho nada. Y sabia que en cualquier momento saltaría a atacarme. Pero continué caminando.
Al llegar a unos dos metros del gato este dio un salto y conseguí evitarle a duras penas. De nuevo dio otro salto con el que llegó a mi mano y se soltó en seguida. En el tercer salto se agarro a mi cuello. Y ya no se soltó
Me había tocado la lotería, nos había tocado la lotería. yo había visto unos números en el cuentakilómetros del coche de Luis y los había usado para jugar a la lotería y habían salido. Sí, exactamente igual que a Hugo.
Carlos y su hermana (a la que no conocía, ni siquiera sabia que tuviera una hermana) estaban y contentos. Alex (que yo creo que era su hermano Ricardo con la cara de alex) aprovechaba el dinero para irse a Barcelona a ver a la chica que le gustaba. Nosotros de mirábamos en la parada del autobús, justo en frente del Opencor pero a cien metros de distancia y a seis de altura. Al final no se atrevió a subir al autobús. Nos reímos por su falta de coraje.
Andamos entonces avenida arriba y ya era de noche. Se nos cruzaron dos gatos negros y yo pensé para mi que si uno da mala suerte dos ya debían de ser la leche. Entonces apareció un gato blanco con manchas grises justo en medio del paseo. Mucho más iluminado de lo que debería para ser esas horas de la noche.
El gato me miraba con rasgos humanos, como con cara de mala leche. Y yo no le conocía ni le había hecho nada. Y sabia que en cualquier momento saltaría a atacarme. Pero continué caminando.
Al llegar a unos dos metros del gato este dio un salto y conseguí evitarle a duras penas. De nuevo dio otro salto con el que llegó a mi mano y se soltó en seguida. En el tercer salto se agarro a mi cuello. Y ya no se soltó
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